La primera vez que me enamore aun la recuerdo como si hubiera sido ayer,
digo ayer por que ayer la pase tan mal como cuando por primera vez me enamore,
recuerdo que era alto de ojos oscuros tés blanca y un gran sentido del humor.
Sin embargo esa primera vez que me enamore lo hice sin medida sin tener límites,
dibujando afuera de la línea, pintando el cielo de verde y el suelo de azul,
sin estructura, sin organigramas, sin suegras cuñadas y dramas, sin
aprobaciones, sin distinciones y sin edades.
Me enamore a escondidas y lo mostré a gritos, lo besaba en la oscuridad y
tomaba su mano al cruzar la calle, recorría con mis labios su cuerpo porque
aprendí de como él lo hacía conmigo.
Lo esperaba en las noches y lo despedía en las mañanas, fue un amor de
conversaciones cortas pero de besos largos, de desapariciones los fines de
semana, y de castigos interminables, si, así fue mi primer amor.
Durante el periodo de mi desamor le repetía a mis amigas que no había sido
nada, que no había importado y que en realidad no le había querido tanto, que
las ojeras que tenía no eran porque pasaba en vela miles de noche pensando en
que seguramente estaría acompañado de otra persona, lo cual tiempo después comprobé,
les repetí mil veces que mi cara de mapache se debía a tanto café tomado en el día,
sé que no me creían pero tampoco se atrevían a presionar.
Le llame y le colgué mil veces, me dominaba la inseguridad de la pubertad,
no le conté a nadie de aquellos encuentros casuales que luego tuvimos donde al
finalizar solo podía susurrar sin eco que le extrañaba y que realmente no sabía
cómo iba a vivir sin él. Destroce centenares de canciones repitiéndolas mil veces y
tal vez me bebí una cantina completa, porque así soy yo encantadoramente
obsesiva.
Tuve cientos de primeras citas pero ninguna me hacia reír como el, por lo
que regresaba a su lado cada vez que me llamaba y sin protestar solo esperando
que su lengua inundara mi garganta para que no dejara salir palabras que quería
gritarle cada vez que le veía.
Si, así fue mi primer amor, con el paso del tiempo se fue consumiendo, la
pubertad se fue acabando, y las hormonas se volvieron más controlables, mis
pechos crecieron al igual que mis ganas de explorar nuevas gargantas, y aquella
desilusión se fue convirtiendo en un recuerdo, aun cuando lo veo siento sus
labios como cuando nos dimos el primer beso, y sus manos dibujando olas en mi cintura.
Así como llegó se fue, de manera desbocada y sin ruegos que sirvieran, se llevó cien mil lágrimas porque las conté todas, se llevó mi infancia a pesar que no la necesitaba, se llevó como diez mil lunas las mismas que me enseñó a ver, pero sin duda lo que empaco en su valija fue ese título de mi primer amor.
Así como llegó se fue, de manera desbocada y sin ruegos que sirvieran, se llevó cien mil lágrimas porque las conté todas, se llevó mi infancia a pesar que no la necesitaba, se llevó como diez mil lunas las mismas que me enseñó a ver, pero sin duda lo que empaco en su valija fue ese título de mi primer amor.
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