Se sentó en su regazo como era de costumbre, ya no sabia porque lo hacia, el calor que alguna vez le produjo no era igual, ahora era frió duro y áspero, pero aun así era su costumbre, una dulce y tierna costumbre que la llenaba de orgullo.
Usualmente le hablaba de cosas muy banales de su día, otra vez su compañera de oficina se fue inapropiadamente vestida a su trabajo, le contó como su busto quería saltar de su ajustado vestido y como ella se daba cuenta pero la picardia le gustaba mas, como contoneaba su caderas frente al director ejecutivo y como este por mas que tratara de disimularlo no podía dejar de mirarle sus piernas, que parecían medir kilómetros cuando se iba con esas faldas que poco dejaban a la imaginación, era parte de la costumbre contarle uno a uno los detalles de su vida
"Son amantes, te lo digo carajo ... Son amantes" le repetía sonriendo con su cabeza en su vientre y su mirada hacia el techo .. " Son amantes".
La habitación era oscura, los acompañaba solo una lampara en el extremo del cuarto, eso hacia un poco romántico el encuentro pero a la vez tenebroso, solo se escuchaba una voz y una sola carcajada, era feliz, realmente lo era.
"Llegaron juntos ... yo los vi bajar del coche, Son amantes, créeme, son amantes" y lanzaba una carcajada al aire que resonaba en toda la habitación, giro su cabeza dejando que su larga melena se deslizara por su cuerpo, dirigió su rostro en dirección a el, y le dio un profundo beso no correspondido.
"Son amantes, como tu y yo" le susurro.
Se levando de la cama, muy lentamente, la enfermera se asomo por la puerta.
"Es hora de acabar con la visita" le dijo, con una mirada de lastima en su rostro.
"Lo se", le respondió, se acerco a el y le planto otro beso, esta vez el de buenas noches. "Regreso mañana, pero te lo juro que son amantes" le dijo, con una sonrisa dibujada en su rostro.
"Le he dicho muchas veces que no la escucha", le dijo la enfermera.
"Lo hace, y cuando despierte quiero que sienta que el tiempo no ha transcurrido ... Que tenga Buena Noche" y se alejo, contoneando sus caderas, en su ajustado vestido rojo que poco dejaba a la imaginación.